Mostrando entradas con la etiqueta diferenciación residencial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diferenciación residencial. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de diciembre de 2017

El índice de Theil.



     Es un hecho que una inmensa mayoría de las investigaciones sobre la dimensión desigualdad de la diferenciación residencial emplean básicamente el  Índice de Disimilaridad (D) o el de Segregación (S) a la hora de cuantificarla, y que éste último índice es el más empleado en las investigaciones sobre la realidad española. Por su forma de cálculo, los dos instrumentos toman por parejas los grupos de población existentes en el espacio urbano: mayoritario frente a uno de los minoritarios en el caso del Índice de Disimilaridad (por ejemplo, españoles y latinoamericanos), total de la población y uno de los subgrupos en los que ésta se divide, en el caso del de Segregación (por ejemplo, total de población y latinoamericanos).

     Sin embargo, la diferenciación residencial no se produce únicamente entre PAREJAS de grupos de población, sino que también existe otra, multigrupo, y que es la que se registra entre TODOS los grupos de población que han sido definidos en la ciudad. Supongamos que en nuestro caso hemos identificado cuatro grupos de población, en función de su nacionalidad: españoles, latinoamericanos, magrebíes y subsaharianos. Con los instrumentos al uso podemos cuantificar la diferenciación residencial existente entre esos cuatro grupos tomados por parejas -españoles/latinoamericanos, españoles/magrebíes, etc.-, si empleamos D; o entre el total de población y alguno de esos grupos -por ejemplo, latinoamericanos con respecto al total de población- si acudimos al cálculo de S. Pero no podemos saber cuál es el nivel de diferenciación residencial existente entre españoles, latinoamericanos, magrebíes y subsaharianos A LA VEZ.

      Para medir esta diferenciación multigrupo el instrumento más empleado es el denominado Índice de entropía de la segregación de Theil (H), que se basa en la medición de la entropía. La entropía no es sino una medida del desorden, y este índice puede definirse como el promedio ponderado de las diferencias de representación proporcional entre los grupos en las unidades espaciales empleadas (barrios, secciones censales, etc.) y la unidad mayor que las contiene (ciudad, municipio, etc.), ponderada por la población proporcional de las unidades espaciales. En otras palabras, si la población de cada barrio de la ciudad tuviese exactamente la misma composición por origen que la correspondiente al total de la ciudad, el índice tomaría un valor 0. Y, por el contrario, una ciudad en la que los barrios estuviesen poblados por un único grupo de población, estaría totalmente segregada, y el índice tomaría en este caso un valor de 1.

      Su empleo está bastante extendido en investigaciones sobre desigualdad de renta, pero mucho menos cuando lo que se estudia es la diferenciación residencial. ¿Cuál es la ventaja sobre los índices "tradicionales"? En primer lugar, que sus valores no están afectados por el volumen de la población sobre la que se calcula; pero, fundamentalmente, que dicho valor puede descomponerse en valores intragrupo e intergrupo; una descomposición que nos permite comprobar qué cantidad de la diferenciación existente se debe a determinados niveles espaciales, o a determinados grupos de población. Esto es especialmente útil, puesto que el cálculo de la diferenciación intergrupo nos permitiría saber qué parte de la segregación total existente en una ciudad se debería, por ejemplo, a la separación entre españoles y total de extranjeros, y cuál se derivaría de la separación entre los extranjeros discriminados según su nacionalidad.

Para saber más:


Linares, S. (2013): Medidas de segregación socioespacial: discusión metodológica y aplicación empírica sobre ciudades medias argentinas. Persona y Sociedad, 27(2), 11-40. Disponible en: http://www.personaysociedad.cl/ojs/index.php/pys/article/view/88
Reardon, S.F., Yun, J.T, y Mcnulty Eitule, T. (2000): The changing structure of school segregation: measurement and evidence of multirracial metropolitan-area school segregation, 1989-1995. Demography, 37 (3), 351-364. Disponible en http://www.jstor.org/stable/2648047
Theil, H. (1972): Statistical decomposition analysis. With applications in the Social -and Administrative Sciences. Amsterdam, North-Holland Publishing Company.



lunes, 28 de marzo de 2016

La diferenciación vertical.

       La inmensa mayoría de los estudios sobre diferenciación urbana, y los instrumentos empleados para su cálculo, consideran que la ciudad es bidimensional, se extiende de norte a sur, de este a oeste. Pero en realidad el espacio urbano es tridimensional, puesto que las ciudades incluyen edificios de vivienda en altura, incluyen bloques de apartamentos. Cuando estos apartamentos se ofrecen a la totalidad del mercado de la vivienda, y presentan características diferentes según la planta en la que se encuentran, puede aparecer un tipo distinto de diferenciación social, la denominada diferenciación social vertical. Un tipo de diferenciación que implica la cohabitación, a veces voluntaria, de clases. Por tanto, en ella el proceso de distancia social resulta ser más importante que el propio referente espacial.
       La diferenciación vertical ha recibido mucha menos atención que la horizontal, puesto que en el contexto anglo-americano, donde se gestaron los primeros estudios sobre diferenciación residencial, y los índices para medirla, este tipo de diferenciación es bastante poco importante. Es más, se podría afirmar que la diferenciación social vertical se desarrolló en ciudades occidentales, como París o Viena. Por ejemplo, el modelo parisino consistía en una división social vertical con la burguesía en los pisos más bajos –con lujosos apartamentos-, con apartamentos o habitaciones más pequeñas y peor equipados conforme se ascendía por las escaleras hacia los pisos superiores, donde vivían criados y trabajadores manuales, tal y como se aprecia en la siguiente ilustración.


       Esta diferenciación es en parte el corolario de la elección de la clase media, en diferentes países de la Europa occidental y central, de continuar residiendo en el centro, pese a los importantes cambios producidos por el desarrollo industrial. Esta elección, facilitada en algunos casos por una masiva intervención pública para remodelar el centro, ha producido una pauta socio espacial diferente de la correspondiente a la ciudad angloamericana, donde las clases medias han optado por residir en localizaciones suburbanas, dejando a los trabajadores, las minorías y los recién llegados a la ciudad, el centro.
La diferenciación vertical, pese a existir, no es comparable a la horizontal en términos de  su impacto social y su importancia, pero aún así se ha indicado (Leontidou, 1990) que es una de las características distintivas de alguna de las grandes ciudades de Europa del Sur. Por ejemplo, en Nápoles (Döpp, 1968) y Montpellier (Laquerbe, 1967) sí existía diferenciación vertical, cohabitando la clase media y la trabajadora en unos edificios que fueron construidos para ese fin de cohabitación; la clase media ocupaba los primeros y segundos pisos, y la trabajadora el sótano y los pisos superiores, en línea con el modelo parisino. Por otro lado, en las ciudades gentrificadas se registraría otro tipo de diferenciación, donde la clase más pudiente vive en los áticos y pisos superiores de los viejos edificios rehabilitados, y los pisos inferiores, con poca luz, están ocupados por trabajadores, inmigrantes y profesionales de bajo nivel, un modelo que sería aplicable a las ciudades italianas.
En la actualidad, la mayor parte de los estudios sobre diferenciación vertical se han centrado en ejemplos griegos, especialmente Atenas (por ejemplo, Maloutas, 2007), pero, indudablemente, es una cuestión que merece la pena estudiarse, para acrecentar nuestro acervo de conocimientos sobre una característica probablemente distintiva de las ciudades del Sur de Europa.

Para saber más:

Döpp, W. (1968): “Die Altstadt Napoli: Entwicklung und Structur”. Marburger Geographishe Schriften 37.

Laquerbe, J. (1967): « La population des quartiers historiques a Montpellier ». Economie Meridionale
60.4, 1–7.

Leontidou, L. (1990): The Mediterranean city in transition. Cambridge University Press, Cambridge.


Maloutas, T. (2007): “Segregation, Social Polarization and Immigration in Athens during the 1990s: Theoretical Expectations and Contextual Difference”  International Journal of Urban and Regional Research  Volume 31.4 DOI:10.1111/j.1468-2427.2007.00760.x

martes, 15 de septiembre de 2015

Una clasificación de la diferenciación residencial.

      Como ya sabemos, hay al menos dos tipos de segregación (en esta entrada usaré el término segregación como sinónimo de diferenciación). En términos sociológicos, segregación significa la ausencia de interacción entre grupos sociales; en un sentido geográfico, significa desigualdad en la distribución de los grupos sociales en el espacio físico y, es ésta última la que nos interesa.
     Rodríguez (2001:12) la define de la siguiente manera:
  “En términos simples, segregación espacial o residencial es la aglomeración geográfica de familias de una misma condición o categoría social, como sea que se defina esta última, social o racialmente o de otra forma. En términos más complejos, podemos diferenciar tres dimensiones principales de la segregación: (a) la tendencia de un grupo a concentrarse en algunas áreas; (b) la conformación de áreas socialmente homogéneas; y (c) la percepción subjetiva que tiene la gente de las dimensiones objetivas (las dos anteriores) de la segregación”.
      La primera dimensión aparece cuando algún grupo social registra un sesgo residencial global, es decir, todos (o la gran mayoría) de sus miembros se localizan en una zona determinada de la ciudad. Es lo que se denomina segregación por localización de grupo, y no implica necesariamente que esa zona determinada no esté compartida con representantes de otros grupos sociales. El resultado suele ser la aparición de los denominados enclaves –étnicos, religiosos, etc.-
     La segunda dimensión implica la ausencia de mezcla o integración de grupos sociales en espacios comunes, y aparece cuando un grupo social no se mezcla con el resto, aunque esté diseminado en varias partes de la ciudad. Esta dimensión, que se denomina segregación por exclusión, origina zonas homogéneas en un contexto heterogéneo, lo que probablemente dificulta la interacción (o encuentro al menos) con otros grupos sociales. El resultado suele ser la aparición de ghettos –definidos por el origen de la población, su nivel de ingresos, etc.-
      Las consecuencias de uno u otro tipo de segregación son diferentes: la existencia de enclaves suele ser positiva, tanto para sus integrantes –en lo relativo a la conservación de su identidad de grupo, autogestión, etc.- como para el entorno en el que se insertan –barrios chinos como atractivo turístico, por ejemplo-. Pero la existencia de guettos tiene consecuencias diametralmente opuestas (especialmente si se extienden por zonas amplias de la ciudad), una vez más tanto para sus residentes como para el entorno en el que se insertan.
      La explicación de porqué estamos ante un tipo u otro de segregación no es simple, descansa en una maraña compleja de relaciones entre diferentes factores a distintas escalas, organizados por la dinámica de la sociedad capitalista. Dado que en ella la acumulación ocurre tanto en sentido positivo como negativo –relacionados respectivamente con riqueza y poder, pobreza y subordinación- los factores determinantes de las diferentes situaciones residenciales tenderán a estar repartidos entre ambos extremos. Cuanto más cercana esté la situación concreta de dichos extremos, se agruparán mejor. La consistencia de esas agrupaciones tiende a generar pautas de segregación espacial, en una dirección u otra, que las tipologías tienden a identificar y organizar.
       Un ejemplo de tipología de segregación, muy útil a mi parecer, nos la aporta Barbosa (2001), partiendo de la combinación de cuatro criterios.
      1.-De origen estructural: indica localización, escala y nivel de complejidad en el que la segregación se genera; sus actores principales son clasificados como individuos, grupos o instituciones; y tiene efectos colectivos no intencionados y estructurales.
   2.-Intencionalidad: Se refiere sólo a la intención de los actores de autosegregarse, o de segregar a otros, esto es, distanciarse ellos mismos de otros. No se refiere a las elecciones de localización donde la principal razón es unirse, estar con otros, a pesar del hecho de que esta elección también podría generar segregación.
      3.-Carácter voluntario o forzado de la segregación. Relacionado con el tipo de experiencia, activa o pasiva, positiva o negativa, del actor que es objeto de segregación.
       4.-Distinción entre aquellos que promueven y aquellos que son objeto de segregación, con el fin de diferenciar la autosegregación de otras situaciones.
       Las pautas de segregación están clasificadas según los actores y los niveles en los que la segregación se genera, por ejemplo, elección voluntaria, obligación autoritaria, u obligación estructural, variando de acuerdo a la intencionalidad de quienes la promueven o la experimentan.
        El cuadro contiene la tipología, y en los párrafos siguientes ofrezco su explicación.


Tipos de segregación
Nivel I:
Acción individual
Niveles II y III:
Efectos estructurales
Relación entre los promotores de la segregación urbana y los sujetos de la misma
Características
No organizada
     Organizada
Nivel II
Nivel III
Individual
Grupal
Institucional
Efectos colectivos de acciones individuales
Efectos de las lógicas estructurales
I. ELECCIÓN VOLUNTARIA.                                      A
I.a Intencional por parte de los promotores
     ASI
+
ASG
+
    ASMI
+


Reflexividad
I.b Intencional por parte de los sujetos
        +
    +
         +


II. OBLIGACIÓN AUTORITARIA                                                        B
II.a Intencional por parte de los promotores


        PS
 +


Dominación política
II.b No intencional por parte de los sujetos


          +


III. OBLIGACIÓN ESTRUCTURAL                                                                                                          C
III.a No intencional por parte de los promotores



        EC
+
      DR
+
Dominación estructural
III.b No intencional por parte de los sujetos



        +
        +
Fte: Barbosa (2001).

ASI: Autosegregación individual (urbanizaciones cerradas).
ASG: Autosegregación grupal (comunidades).
ASMI: Autosegregación con mediación institucional (mercado de la vivienda).
PS: Políticas de segregación (apartheid).
EC: Efectos colectivos (“white flight”).
DR: Diferenciación residencial (sin posibilidad de elección residencial).
A y C: tipos puros B: tipo mixto.

     La pauta de elección voluntaria corresponde a tres modelos de segregación:
     a) opciones individuales –barrios cerrados-,
     b) opciones de grupo para llevar una vida comunitaria, y
    c) opciones mediadas institucionalmente, como por ejemplo las opciones residenciales segregadas ofrecidas en el mercado, o las áreas residenciales construidas por las compañías para sus empleados.
     Esta pauta de elección voluntaria sería una pauta “pura”, en el sentido de que los actores que la producen son ellos mismos objeto de la segregación, como expresión de una relación reflexiva.
    La pauta de obligación autoritaria es exclusivamente institucional y mixta, desde el momento en que es intencional por parte de quienes la producen, y obligatoria para aquellos que la experimentan. Este sería el caso de políticas en las que el dominio político de ciertos grupos sobre otros es explícito, como en el caso del apartheid.
     La pauta de obligación estructural es también una pauta “pura”, y engloba situaciones en las que dos efectos estructurales producen segregación, incluso aunque no hay una intención explícita, como:
    a) efectos colectivos de acciones individuales, como el caso del denominado “white flight”, causado por la llegada de inmigrantes o población negra a ciertas áreas, abandonando dichas áreas la población blanca preexistente por que su capacidad adquisitiva les permite cambiar de residencia, o como
    b) las lógicas del empleo y la distribución del ingreso, que, por ejemplo, deja a ciertos grupos sin capacidad de elección residencial alguna, por lo que la diferenciación residencial viene dada por la capacidad de compra, lo que no es sino una relación de dominación.
    Merece la pena destacar la importancia que se da a la intencionalidad y al carácter voluntario o involuntario del proceso de segregación. Ambos son factores con importantes efectos políticos y simbólicos, claves para evaluar el resultado y para aceptar o rechazar las políticas con él relacionadas. 
     La experiencia de la segregación, cuando sea positiva y deseable, contribuirá a legitimarla; puede ser el caso de situaciones en las que se refuerza la identidad de grupo e incluso la autoestima personal, aumentando la resistencia del grupo ante situaciones de dominación o confrontación. 
     Pero en caso contrario, cuando la segregación es aceptada pasivamente, como algo impuesto, injusto y, por tanto, no legítimo, la pérdida de legitimidad puede no sólo ser fuente de resistencia contra un orden social visto como opresivo, sino que puede convertir la actitud pasiva en otra activa, con serias consecuencias en el caso de revueltas. 
      La legitimidad es una elemento fundamental para la aceptación de valores y comportamientos, y juega un papel central en el éxito o fracaso de políticas públicas sociales, como las de integración de extranjeros o grupos étnicos. La legitimidad también expresa la distinción entre aquellos que la producen y aquellos que son sujetos de segregación. Expresa la idea de que el proceso de segregación puede verse como distribuido entre dos extremos: segregación forzada y autosegregación, con numerosas situaciones entre ambas.
    La importancia de considerar estos factores estriba en que la elaboración de una tabla con los posibles determinantes puede servir de guía para la investigación empírica: por ejemplo, podría ayudar a comprender porqué en unos casos el factor determinante de la segregación es el étnico, mientras que en otros es el socioeconómico.

Para saber más:

Barbosa, Eva (2001): Urban spatial segregation and social differentiation. Foundation for a typological analysis. Working paper. Lincoln Institute for Land Policy. 22 páginas.

Marcuse, Peter (2005): "Enclaves yes, ghettos, no. Segregation and the State. Desegregating the city". En Varady, Peter -ed.-: Ghettos, Enclaves and Inequality. pp.16-30. Ed. State University of Nueva York. Albany.

Rodríguez Vignoli, Jorge (2001): Segregación residencial socioeconómica. ¿Qué es?, ¿cómo se mide?, ¿qué está pasando?, ¿importa? Serie Población y Desarrollo, 16. CEPAL. Santiago de Chile. 80 páginas.

jueves, 27 de agosto de 2015

San Miguel de Tucumán.

         En la entrada de presentación del blog indicaba que en el caso español los grupos sobre los que se estudia la diferenciación residencial vienen definidos en la mayor parte de los casos por la nacionalidad. Sin embargo, en otros contextos esta variable no tiene utilidad alguna a la hora de estudiar este fenómeno, y son otras, de corte socioeconómico, las empleadas.
         Aprovechando que estoy en estos días en San Miguel de Tucumán, Argentina, traigo esta ciudad como ejemplo de diferenciación residencial no relacionada con la nacionalidad. San Miguel es la capital de la provincia de Tucumán, situada en la región Noroeste de la República, a unos 1.000 kms al NO de Buenos Aires. Según el último Censo de Población, de 2010, el Gran San Miguel de Tucumán (GSMT) -el área metropolitana- tiene 794.000 habitantes, y es la metrópolis de la región.
         Como en la mayor parte de las grandes ciudades argentinas -y, por extensión, latinoamericanas-, hay grandes diferencias socioeconómicas entre su población, la brecha entre "ricos" y "pobres" es grande, y estas diferencias tienen un acusado componente espacial. Así, los menos pudientes tienden a localizarse en las periferias, o en determinados espacios pericentrales degradados, mientras que los más pudientes se localizan bien en el centro urbano -cada vez en menor medida-, bien en localizaciones también periféricas, pero caracterizadas por presentar buenas condiciones ambientales y estar comparativamente bien comunicadas con el centro . Es por ello que las viviendas de esta clase alta tienen a localizarse en siguiendo una única dirección desde el centro de la ciudad, mientras que las de la clase baja se extienden por la mayor parte de la periferia. La práctica totalidad de los modelos de ciudad latinoamericana de los que disponemos dan cuenta de esta realidad, y abajo les dejo un par de referencias (pertenecientes a la "escuela" alemana, en mi opinión la que mejores modelizaciones ha aportado), aplicables a ciudades intermedias.
         En este contexto, una de las variables que puede utilizarse para medir la diferenciación residencial es el Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH). Básicamente lo que mide es la presencia de hogares con privación patrimonial (esto es, que residen en viviendas que no cumplen con unos mínimos de calidad de los materiales de construcción); de hogares con privación de recursos corrientes (que no cuentan con un mínimo de ingresos); y de hogares con privación convergente, esto es, que están afectados a la vez por ambos tipos de privación.
         Podemos emplear esta variable para trabajar alguna de las 5 dimensiones de la diferenciación residencial, tal y como ha hecho Batista Zamora (2012). Entre otros, la autora selecciona a los hogares con privación convergente (que agrupan a la población más pobre de la ciudad), el 19% de los hogares del GSMT en 2001, 34.096 en números absolutos,  centrándose en la dimensión agrupamiento empleando técnicas de autocorrelación espacial, a las que ya he hecho referencia en este mismo blog aquí y aquí.
         El valor de la I de Moran aplicada a la distribución espacial de los hogares con privación convergente es de 0,4611, valor significativo al 0,05%, por lo que dicha distribución no es en absoluto aleatoria. En la figura se muestran los hot-spots (en rojo) y los cold-spots (en azul), y en ella puede observarse con claridad cómo las concentraciones estadísticamente significativas se localizan en la periferia, al igual que los agrupamientos bajo-alto. En contraste, los cold-spots se extienden por el centro de la ciudad y por alguno de los radios (secciones) censales del oeste, formando una extensión lineal del centro. Merece la pena destacar que en esta zona prácticamente no hay agrupamientos bajo-alto, y que los únicos alto-bajo están en ella. En resumidas cuentas, las agrupaciones estadísticamente significativas alto-alto se extienden, de manera bastante continua, por toda la periferia de la ciudad, con la única excepción de su porción occidental; y las agrupaciones bajo-bajo, lo hacen por el centro, más una expansión lineal precisamente en dirección a la periferia occidental.
 
Agrupamientos correspondientes a los hogares con Privación Convergente en el Gran San Miguel de Tucumán (2001).


Batista Zamora, 2012.

         Recordemos que esta es la distribución espacial "típica" de la población de la ciudad latinoamericana cuando se la agrupa a partir de variables socioeconómicas, tal y como indiqué al comienzo. El Gran San Miguel de Tucumán como acabamos de ver no es una excepción, y, al menos en este caso esa distribución de la población no es aleatoria. Son varios los factores -históricos, medioambientales, relacionados con determinadas actividades económicas (ingenios) localizadas en el sur de la ciudad, etc.- que subyacen en esta realidad, y a ellos dedicaré una de las próximas entradas.
 
Para saber más: 


Bähr, Jürgen y Günter Mertins (1982): "A model of the social and spatial differentiation of Latin American metropolitan cities". Applied Geography and Development 19: 22-45. Originalmente Idealschema der sozialraümliche differenzierung lateinamericanischer Grobstadte. Geographische Zeischrift  69: 1-33.

Batista Zamora, Ana Ester (2012): "Notas sobre la presencia y localización de concentraciones de hogares pobres en las capitales del Noroeste argentino." Breves Contribuciones del Instituto de Estudios Geográficos, 23: 9-30. Disponible en http://www.filo.unt.edu.ar/rev/ieg/ieg_23/Breves%2023-4-Articulos-BatistaZamora.pdf
 
Borsdorf, Axel (1989): "El modelo y la realidad. El ejemplo de la ciudad latinoamericana." Revista Interamericana de Planificación 22: 21-29

Gómez, Alicia, Mario, Silvia, y Olmos, Fernanda (2003): Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH): desarrollo y aplicación con datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001. Ponencia presentada en las VII Jornadas Argentinas de Estudios de la Población AEPA.

 

martes, 9 de junio de 2015

Sobre la importancia de la cartografía.

      Hace algún tiempo llegó a mis manos un artículo, cuyo título me dio qué pensar: "Réquiem por los instrumentos no espaciales de segregación residencial". Sus autores son Carlos Garrocho y Juan Campos-Alanís, ambos geógrafos adscritos al Colegio Mexiquense.
      El trabajo se centra, entre otros, en el problema del "tablero de ajedrez". Este problema surge debido al hecho de que, al ser índices aespaciales, los indicadores de diferenciación residencial, como el Índice de Disimilaridad o el Índice de Segregación, no son capaces de diferenciar entre dos distribuciones espaciales totalmente distintas, para las cuales sus resultados podrían ser idénticos.
      Lo que los autores proponen es el abandono del empleo de los índices, y su sustitución por instrumentos que explícitamente tienen un componente espacial, concretamente los indicadores globales y locales de autocorrelación espacial. Precisamente dediqué una  entrada anterior a GEODA, un software que nos permite obtener sus resultados con enorme facilidad.
      Santiago Linares (2012) nos ofrece un  ejemplo de este problema: la figura 1 muestra la distribución espacial de dos grupos de población, uno mayoritario, con 27 integrantes, y otro minoritario, con 9, en dos ciudades diferentes, A y B. Como puede observarse, la distribución espacial del grupo minoritario es muy distinta en A con respecto a B, pero el Índice de Disimilaridad arroja exactamente el mismo resultado, 0,44.
      Una interpretación sin más de estos valores indicaría que en ambos casos los niveles de diferenciación residencial del grupo minoritario son los mismos en las dos ciudades, lo cual, estrictamente, es cierto. Sin embargo, la inspección de la cartografía nos muestra cómo, pese a ello, las distribuciones espaciales son muy diferentes: no sólo el grupo minoritario se distribuye por diferentes zonas de la ciudad, sino que, tal vez más importante, en la ciudad A el grupo está relativamente disperso, en la B está muy concentrado. Efectivamente, en este caso hay que tomar con precaución los valores del índice, puesto que, pese a ser idénticos, responden a realidades bastante diferentes.
 
     
Figura 1
 
Fte: Linares (2012).
      
      En este otro ejemplo, de elaboración propia, (figura 2) las distribuciones espaciales son especulares, el grupo minoritario se concentra en la en el caso de la izquierda (situación A) en el "norte", en la derecha (situación B) en el "sur"; también en este caso los valores del Índice de Disimilaridad serán idénticos.
 
 Figura 2.
 
       No obstante, en este segundo ejemplo se muestra con más claridad la importancia de aportar la cartografía, puesto que su uso permitiría una interpretación más ajustada de los valores de los índices. Supongamos que el grupo minoritario está compuesto por población de muy altos recursos, por lo que, presumiblemente, elegirá para vivir las mejores zonas de la ciudad, en lo ambiental por simplificar. Y supongamos que esas mejores zonas se localizan, al norte, en la ciudad A, y al sur, en la ciudad B.  El hecho de que el índice no pueda dar cuenta de esta localización especular del mismo grupo en dos espacios diferentes pierde importancia al comparar cartográficamente las distribuciones espaciales de las que surgen los valores.
       Podemos suponer también que lo representado en la figura 2  no son dos ciudades, sino dos grupos de población distintos localizados en áreas opuestas de un mismo entramado urbano: la porción norte  está compuesta por vivienda social, y ocupada por población de bajos recursos,  mientras que la sur lo está por viviendas de lujo, ocupada por población de muy altos recursos. Si los volúmenes de población son aproximadamente los mismos, los valores del índice también serán aproximadamente iguales, indicándonos que ambos grupos presentan niveles de diferenciación residencial similares. Es cierto, pero es imprescindible acudir a la cartografía para interpretar correctamente lo que el índice indica. 
      De ahí la importancia que creo que tiene el acompañar de cartografía los índices de diferenciación. Es importante conocer los niveles de diferenciación, especialmente si lo que buscamos es una comparación entre las distribuciones espaciales de varios grupos en un mismo espacio, o del mismo grupo en diferentes momentos. Pero también lo es conocer la distribución espacial a la que corresponden dichos valores, no sólo para saber exactamente dónde se localizan, sino también para relacionar la localización con las características de la trama urbana -siempre que la distribución no sea aleatoria-.
       Por tanto, y volviendo al principio, tal vez  el abandono de estos instrumentos sea una posición un tanto extrema; más bien pareciera que sería deseable acompañarlos de la cartografía de la distribución espacial a la que corresponden.
 
Para saber más:
 
Garrocho, Carlos, y Campos-Alanís, Juan (2013): "Réquiem por los indicadores no espaciales de segregación residencial". Papeles de Población, 77. pp.269-300.
 
Linares, Santiago (2012): "Dificultades metodológicas al medir la segregación: el problema del tablero de ajedrez y la unidad espacial modificable". Geografía y Sistemas de Información Geográfica (GESUIG-UNLU, Luján). Año 4, Nº 4. Sección II: 10-22. www.gesig-proeg.com.ar

domingo, 1 de febrero de 2015

¿Segregación o diferenciación?


En muchas ocasiones, en la literatura los términos segregación residencial y diferenciación residencial se emplean como sinónimos, cuando, en realidad, no son exactamente lo mismo.
Veamos: por segregación se entiende la separación residencial de subgrupos dentro de una población mayor, mientras que diferenciación residencial hace referencia a una desigual distribución en el espacio urbano de los grupos sociales, comoquiera que estos se definan. Ambas definiciones son muy similares, así que, ¿por qué es, entonces, importante diferenciar entre ambas? Pues básicamente por las connotaciones negativas que el término segregación tiene implícitas. Cuando nos referimos a segregación, es inevitable asociar el término a toda una serie de connotaciones sociales negativas: nos referimos a una realidad en la que hay segregados y segregadores, una práctica voluntaria que da como resultado una mezcla imperfecta de la población urbana, una existencia de áreas urbanas fuertemente diferenciadas por las características sociales de sus habitantes.
Tanto es así que el diccionario de la lengua define segregación como “acción y efecto de segregar”, mientras que la tercera acepción de segregar es, según el mismo diccionario, “separar y marginar a una persona o grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales”.
En contraste, el uso del término diferenciación no tiene estas connotaciones, es más, la propia evolución natural de la ciudad trae aparejadas situaciones de diferenciación residencial: pensemos, por ejemplo, en el hecho de que la población más envejecida tiende a estar localizada en los centros urbanos –especialmente si en ellos no se han registrado procesos de gentrificación-, mientras que la periferia es asiento de la población más joven.
Así pues, ¿segregación o diferenciación? Personalmente, prefiero el término diferenciación, máxime cuando, como geógrafo estoy más interesado en la propia distribución espacial desigual de los grupos de población en el espacio, que en las motivaciones sociales conscientes –se es que las hubiera-, que dan como resultado esa distribución desigual.
 
Para saber más:
-Rodríguez Vignoli, J. (2001): “Segregación residencial socioeconómica. ¿Qué es? ¿Cómo se mide? ¿Qué está pasando? ¿Importa?. Serie Población y Desarrollo 16. CEPAL. 77 págs.
-Brun, J., y Rein, C. –eds.- (1994): La segregation dans la ville. Concepts et measures. Ed. L´Harmattan. París.